
Mañana es la salida oficial de la Cutty Sark; el día es seguro que acompañará al espectáculo, pues ya llevamos unos cuantos de sol y bastante calor, por si a alguien se le ocurre pensar que en Galicia siempre llueve, jeje. Esta mañana hemos bajado al puerto a ver los veleros, impresionantes, y también las réplicas de barcos tradicionales gallegos costeros que se mostraban; Gorrión estaba muy guapo de manga corta con su gorrito blanco y hemos sacado varias fotos de recuerdo, todo atestado de gente y con la éxotica estampa de los marineritos del mayor velero de todos, un buque-escuela ruso, comprando souvenirs en las carpas de la explanada circundante.
Después nos hemos ido a comer a un restaurante italiano, un poco imprudentemente por mi parte, pues salgo de dos días de vomitonas y diarrea por culpa de algún virus pillado a destiempo en mi maravilloso trabajo, pero ¡¡qué diablos¡¡, los papardelle frescos a la siciliana con verduritas y un toque picante no estaban nada mal. Depués hubo sobremesa en un café heladería, mientras nuestro pequeño bichito se echaba una siesta y a media tarde a casa a preparar la llegada a Villa Pilita para pasar la noche.
Mañana celebro el día de la Madre levantándome a las seis de la mañana para empezar a las ocho otro emocionante día festivo de trabajo, durante el cual mi pequeñín, por supuesto, no le verá el pelo a su mamá y ésta estará encantada de la vida tratando urgencias tan vitales como la salida de un antiestético granito en el trasero o una tos de un mes de evolución que no se ha tenido ni tiempo ni ganas de consultar. Pero ésta es la historia de siempre, y aquí no hay barcos que valgan...

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