
Ha vuelto el calor.......... y me encanta.
Me gusta salir de una noche de guardia casi corriendo para refugiarme en el coche y que me lleven pronto a casa. Entrar medio a hurtadillas para que Gorrión no despierte con el sonido de los cascabeles de la entrada, desayunar un té rojo con una tostada de mermelada de arándanos o un trozo de bizcocho casero y correr de puntillas hacia la cama. El edredón, calentito en invierno y más fresquito con el buen tienpo está allí, esperando con paciencia a que me arrebuje y deje escapar un suspiro de felicidad. Con un poco de suerte mi pequeño me dejará un buen rato tranquila, quizás pueda echarme un sueñecito antes de oirle desperezarse entre balbuceos y pataditas que buscan llamar mi atención. Sabe que voy a ir a cogerle en cuanto le oiga.
Me gusta cogerle en brazos tras haber dado buena cuenta de su biberón y asomarle a la ventana del salón; le he enseñado a llamar a los pájaros, dando pequeños golpecitos con su manita sobre el cristal. A esas horas hay un montón de gaviotas revoloteando cerca del mar a la búsqueda de restos de peces de los barcos, y mi niño abre su boquita hasta el infinito mientras ellas revolotean ante nuestros ojos...Ahora también se ven gorriones y alguna golondrina haciendo piruetas, con lo que todavía es más divertido ver su carita curiosa.
Me gusta sentarle conmigo al lado mientras vuelvo a meterme en la cama; rodeo su cuerpecito de almohadas y cojines para que no se caiga y le traigo un par de muñecos o su tambor; él se ríe mientras juega con sus cosas y a veces aplaude solo, otras veces me tira de la manga del pijama para que no me duerma y le haga caso. Al cabo de un rato él también se cansa y se recuesta a mi lado para que le cante; no sé nanas, así que canto antiguas canciones infantiles, villancicos e incluso cantigas galegas... acabamos los dos dormidos y felices agarraditos hasta las tantas.
Me gusta levantarme tarde después de una jornada intensa de trabajo. Ahora, con el verano casi encima, llegarán las siestas en la playa, o en el porche de Villa Pilita, o bajo un pino en el monte. Gorrión dormirá conmigo, y también Maruxiño. Le mostraremos todos los pájaros del cielo haciendo acrobacias solo para sus ojitos, le enseñaremos a espiar a las mariposas, a tocar con un dedito a las mariquitas, a acariciar las flores del jardín, a chapotear sobre las olas de la playa.
Me gusta que a ellos también les guste.
Dos mariposas blancas
Aquella noche la abuela trajo dos mariposas blancas
y las colocó sobre los ojos del durmiente,
más tarde, cuando tras la cabeza de la luna
asomó frío el aullido del lobo,
los sueños de aquel hombre
que dormía bajo las mariposas,
nos ayudaron a crecer en la serenidad.
Julia Otxoa

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