Desde Galicia para todo el mundo,un canto a las cosas bellas de la vida...

lunes, 16 de febrero de 2009

MALOS SUEÑOS


Mi niño a veces tiene malos sueños; esta madrugada nos despertó llorando desconsoladamente, con los ojitos muy cerrados y retorciéndose en la cuna, porque algo malo cruzaba sus pensamientos de bebé inocente. Pobrecito, cuando abrió los ojos aferraba su cuerpecito a nuestros brazos y no sabíamos cómo consolarle.
Yo también tengo pesadillas, pero con mi trabajo y nuestra situación laboral. Estoy estresada y no puedo decirlo ahora; nadie entiende que con un buen trabajo y un buen sueldo me desespere. Cada vez que tengo una guardia no descanso la noche anterior, el horario de trabajo hace que tenga el sueño cambiado y al tener a Gorrión, ya no puedo recuperarlo como antes. Cuando tengo que trasladar a alguien en ambulancia, sudores fríos me recorren el cuerpo y tengo taquicardias. No me gusta. No lo puedo evitar. Hace un mes que he vuelto a trabajar y estoy harta. No quiero hacer esto. No puedo hacer otra cosa, al menos de momento.
Pero ¿ a quién se lo cuento? A Maruxiño no, que está deseando tener un trabajo , aunque sea regular, para que no acabemos como unos emigrantes más camino de Madrid. A mi familia tampoco, con Mamá Gallina deseando que la operen de una vez para reincorporarse al trabajo, porque lo de ama de casa no le va; y los dos polluelos más pequeños sin trabajo, preparando a medias oposiciones y atentos a lo que pueda surgir por ahí.
Una de mis amigas, que trabaja a la vez en la pública y en la privada, está tan enamorada de su trabajo, que cualquier sacrificio le parece bueno; y mi otra mejor amiga es una esclava a la que tienen entre España y Portugal toda la semana, con un sueldo miserable, y aguanta porque sabe que si no también tendría que marcharse fuera.
Yo trabajo muchas, muchas horas, y gano un buen sueldo. Doy gracias por poder mantener a mi familia de tres, digamos sin apuros. Pero éste no es mi sueño; no concuerda con mi carácter ni con mi forma de actuar; soy lo que no quiero ser y me gustaría ser lo que no puedo tener, trabajar de otra forma y en otro lugar. Y para dejar atrás la pesadilla, necesito varios años aprobando cada oposición que salga y ganar puntos. Años. Tener un temple de acero que mis nervios perdieron hace tiempo.
Seguir aguantando. Seguir poniendo buena cara. Seguir pasándolo mal. ¿ Dejar la seguridad de un puesto indefinido y marcharme a la privada? No puedo hacerlo, ahora no.
Sólo puedo soñar con un futuro mejor; quizás en algún momento alguien me apoye, y entonces dejaré de sentirme como una puñetera egoísta. Los malos sueños dejan huella. A mi me gustaría que mi niño nunca los tuviera. Y me gustaría acabar para siempre con los míos.

2 comentarios:

Ricardolau dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ricardolau dijo...

Los sueños malos son igual que los trabajos, vemos muchos problemas o cosas que no nos gustan, tenemos el sueño de mejora, pero cuando cambias para otro pensando que es mejor, realmente te das cuenta de aquellos sueños malos no eran tan malos.