Desde Galicia para todo el mundo,un canto a las cosas bellas de la vida...

domingo, 12 de octubre de 2008

TROYA


Antes de soltar la mala baba que me atenaza el alma, quiero decir que por fin mi niño se ha bautizado y ¡¡cómo la armó¡¡. Pobrecillo, llegábamos tarde a la basílica y estábamos muy nerviosos todos, él radiante con su faldón y su gorrito de tul y puntillas.... pues se nos debió estresar por el camino viendo los nervios de sus papás, porque fue entrar en la iglesia y empezar a dar alaridos; y fue un sin parar hasta que todo acabó. Al principio yo estaba tan nerviosa por la tardanza y por lo del niño que me creí morir. Al salir me di cuenta de que sólo es un bebé, y que no iba a ser ni el primero ni el último niño del mundo en llorar a grito pelado cuando le bautizan.

La cena fue un éxito... o casi, pero ya hablaré de eso después. El castillo de Soutomaior es precioso y la cena estaba muy buena, la gente estuvo muy animada en general y todo el mundo disfrutó, bueno, no todos.

Siempre he pensado que cuando la gente se porta mal con uno sin razón, hay como una especie de justicia divina que acaba poniendo a las personas en su sitio y les hace pagar sus perrerías; por eso, cuando alguien me hace daño, aunque no suelo poner la otra mejilla porque no tengo alma de mártir, me encomiendo a los hados celestiales y miro hacia otro lado. El problema aparece cuando hay personas especialmente detestables a las que el no cortarlas a tiempo las subleva y hace que las ofensas vayan subiendo de tono..... ayer ya no pude más. Mi paciencia tiene un límite y creo que depués de 7 años callando y aguantando por el bien de la "paz familiar" he llegado a donde tenía que llegar. Ya no más. La aborrezco, el malestar que siento en su presencia ha llegado a ser físico y no voy a seguir aguantando sus desplantes, sus desprecios, sus insultos, sus mentiras y el seguir callando mientras intenta además quedar por encima de mi familia o habla mal de mí a las personas que me quieren.

Y lo que peor hace que me sienta, lo que más me duele, lo que me llena de dolor, es que al final de la noche pedí, supliqué, a quien solo podía hacerlo, que cortase de raíz la mala hierba y pusiese las cosas en claro de una vez por todas, que cantase las cuarenta y no me hiciese hablar a mi..... la "paz familiar" se ha impuesto a mi ruego y él tomó la decisión de no cortar la baraja, de seguir fingiendo que aquí no pasa nada y que tampoco hay por qué exagerar y que un pequeño reproche es suficiente.

Así que ella ha ganado su batalla, me ha abofeteado con su guante y me siento inmensamente sola porque él no ha dado la cara por mí. Se ha salido de rositas. Pero ya no más. Lo que no sabe esa ingenua es que ya ha sobrepasado mi límite, y que si nadie me defiende puedo hacerlo yo solita.Con todo el dolor de mi corazón el respeto por la madre ajena se acabó. Las heridas que ella me haga ya sé que tengo que lamérmelas y llorarlas a solas, porque aquel en quien confiaba me falló; pero ella no sabe con quién se la está jugando y a quién le ha declarado la guerra.

Yo esta guerra no la pienso perder.

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