
Las tardes de agosto no son tan largas y se van volviendo frescas cada vez más temprano. Las horas libres pasan rapidamente y en el aire vaga una ligera sensación de melancolía, de que todo lo bueno se acaba y pronto volverá la rutina del frío y las noches largas y desapacibles.
Este año practicamente no hemos tenido verano, por eso cada tarde de playa que hemos podido aprovechar, como la de hoy, representa una bendición, un pequeño milagro. Para mí equivale a un mes de psicoanalista, y encima gratis.
Sobre la arena no hay gordos ni flacos, celulitis ni cicatrices horrorosas, torsos peludos ni calvas incipientes. Nadie se para a mirar tus michelines, las patas de gallo le importan un pito al de la sombrilla de al lado; no hay ojos bizcos bajo las gafas de sol, las manchas de la piel desaparecen bajo kilos de bronceador, los pareos ocultan toda pequeña imperfección, no hay sombrero lo bastante estrafalario como para desentonar con el paisaje.
En la orilla del agua sólo hay personas; seres humanos que se olvidan por unas horas de los semáforos, el estrés del trabajo, el malhumor de la suegra, las pullas del vecino del quinto..... sobre una toalla sólo estamos nosotros sin tapujos, tal y como somos.
Algunos sueñan ser piratas desembarcando en las rocas a la búsqueda de algún tesoro perdido; otros reviven su niñez, cuando soñaban ser arquitectos o importantes ingenieros, y construyen autopistas de arena y castillos almenados ante la atónita mirada de sus niños, que no sabían que papi tenía una vida más allá del traje y la corbata;algunos buscan convertirse en atletas olímpicos corriendo bajo el sol como si en ello les fuera la vida; otros buscan expiar sus culpas o llorar sus penas a solas escribiendo, pintando o simplemente dejándose mecer por las olas.
La espuma y la sal hacen milagros en el cuerpo y el espíritu, y el que más y el que menos, se reconcilia con los dioses tras una jornada de tranquilidad absoluta, de descanso y diversión. Hay tantas formas de gozarla...
Puede que aún nos queden unos cuantos días más de asueto, pero la temporada va tocando a su fin, y yo ya empiezo a extrañarte, playa.




