
Desde hace una semana tengo un año más; soy un año más madura, enamorada, descreída, soñadora, luchadora, melancólica, familiar, buscadora de historias....
El año se acaba y con su fin llega la hora de hacer repaso, antes de que las fiestas ( este año para mi tristes como nunca) lo inunden todo y me esconda las lágrimas en el bolsillo para agarrar la pandereta y cantarle a mi Gorrioncillo sus primeros villancicos, y ponerle el arbolito lleno de bolas de colores, y ensuciarle las manitas con el musgo del belén. En casa siempre se ha celebrado todo y algo más, y ahora que tengo mi propia familia quiero que Gorrioncillo se contagie de la alegría de las fiestas, de las canciones, la comida, los colores y las charlas hasta las tantas; siempre sobre tiempo para llorar cuando la fatalidad te señala con su dedo traidor.
Así que este año mi niño ya ha tenido dos pequeñas fiestas con la llegada de diciembre:
-Primero el cumpleaños de su mami, que celebramos en la casa nueva de mi madre ( Villa Pilar para los amigos,jaja ) en el que me puse de chef y preparé un suculento menú:
--Langostinos rebozados estilo cajún
--Quiche de vieiras
--Solomillo de cerdo con salsa de mostaza y guarnición de patatas rellenas .
-- Brownie de nueces.
No es falsa modestia,pero todo estaba bien rico. No me acordé de sacar fotos de los platos, porque debería tener la cámara digital más a mano y está guardada en el quinto pino, pero prometo poner remedio para la próxima vez.
-Segundo, el santo de Gorrioncillo, que fue ayer. Preparé Pastel de requesón y maíz según una receta de una antigua colección de mi madre, Estaba bueno,pero necesitaba un poco más de cocción. Tampoco tengo foto así que no puedo poner la receta.
La de arena viene al pensar en mi antigua casa; estos días hemos estado acabando de limpiar por completo el piso de los abuelos porque la semana próxima entran unos inquilinos. sabía que iba a ser a ser, que nuestro ciclo de vida en aquellos pisos se había acabado y que se iban a alquilar; pero una cosa es saberlo y otra encontrarte de golpe con la realidad, ver desparramados sobre las camas montones de ropas y utensilios que te llevan a tiempos no tan lejanos, en que los abuelos estaban vivos y llenos de ganas de seguir así.... su casa ya no será nunca más su casa, y la mía, en el piso de arriba , tampoco. Está también llena de cosas que hay que vaciar, para luego pintar y poner en alquiler.
Miras por la ventana y ves aquella finca tan estupenda de casi dos mil metros cuadrados llena de maleza, con las zarzas de casi metro y medio comiéndoselo todo y el corazón se te desgarra de pena. Cuando ellos estaban y se conservaban bien había, rosas, calas, espuelas de caballero, clavellinas, geranios. En los corrales había pollos y gallinas, y a veces también conejos. Y todos los años se criaba un corderito durante algunos meses para comer en la Fiesta del Cristo de agosto.
Las parras, dispuestas haciendo una L a lo largo de los límites de la finca , daban en otoño unas uvas riquísimas de color morado que comíamos hasta ponernos morados. Había perales, manzanos, limoneros, cerezos, melocotoneros....
Mis padres han comprado una desbrozadora para limpiar la finca en cuanto puedan; mi hermana Campanilla irá a vivir al cuarto piso del edificio en unos días; el tercero está alquilado y el segundo (el nuestro) lo estará en cuanto se deje en condiciones. La vida sigue, los días se suceden unos a otros sin descanso y las penas deben ir diluyéndose en la lluvia, no queda otra. Los que se fueron no van a volver, y los que han venido nos necesitan con la mejor disposición y el ánimo sereno. Así que aunque yo exprese aquí mis cuitas, con lágrimas de tinta, en un rato volveré a mi mundo real de biberones y sonajeros, Maruxiños amorosos, hermanos de mudanza para lanzarse a la aventura de la vida en solitario, y todo con la sonrisa en ristre y el alma forrada de experiencias y aventuras para compartir. Me necesitan. Los necesito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario