
Noviembre ha entrado en nuestras vidas al mismo tiempo que Gorrión rompe a andar solito. La vida en plenitud como contraste con la tristeza y el recuerdo de los que ya no están; la muerte está presente estos días en las casas de todos, los que creen y los que se niegan a sí mismos.
Muchos esconden su miedo y su estupor ante la rememoración del dolor con una gran fiesta de disfraces; los que no comulgan con sus propios fantasmas pueblan la noche de zombis, brujas, momias, vampiros, espectros venidos de otros mundos.......... y los cementerios duermen dos noches extrañamente iluminados. Si te acercas a las viejas puertas oxidadas percibes el aroma embriagador de cientos de miles de flores frescas y la luz cálida y soñolienta de las velas saluda desde cada tumba, desde cada panteón. Avisan de que el cuerpo corrupto que se esconde en ese carcomido ataúd detrás o debajo de una lápida, un día fue persona, y aunque ya no haya más que huesos, hedor y polvo, hay alguien que le recuerda y le rinde homenaje.
Noches de sempiterna lluvia porque el cielo también se entristece. Huellas de miles de pasos sobre los caminos de grava. Cruces y estatuas orantes que nos avisan de que nada es eterno, y que todos acabaremos cerrando los ojos para siempre como aquellos a los que custodian.
Cocinas en penumbre con la lumbre preñada de castañas asadas y otras tantas cocidas al aroma del anís. Filloas dulces y confesiones y secretos sobre los que faltan, trapos sucios y anécdotas que se cuentan cuando al que ya no ve ni respira poco pueden importarle.
Vidas truncadas, vidas cortas y tristes, vidas trabajosas y largas, vidas duras, vidas sacrificadas, vidas pendencieras, vidas provechosas, vidas buenas, malas vidas .......... todas vidas, o muertes, que al final todo se nos queda en recuerdo en una lápida.

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