
Maruxiño tiene razón, noviembre es el mes más aburrido del año junto con febrero, sobre todo cuando llueve, llueve, y llueve...... y no para. A veces te da la sensación de que te vas a disolver en una gota de agua más, viscosa y fría, y te vas a convertir en alimento vivificante para las plantas.
Galicia, a estas alturas del año está envuelta en agua. No hablo de la costa y sus marejadas impresionantes por culpa de los temporales; no hablo de los ríos henchidos cual pavo real. Hablo de las brumas espesas que cubren las aldeas a primera hora de la mañana y puedes tocar si te asomas a la ventana, de las nieblas heladoras que te calan los huesos te pongas lo que te pongas, de los charcos que se cuelan en los recodos de los caminos dispuestos a pillarte desprevenido y empaparte hasta el más resistente calcetín, de los torrentes que caen imprevisibles tras haber emborrachado de vida el monte, de los abrevaderos rebosantes para las vacas, de las fuentes de aguas cristalinas que cantan al compás del viento....
Y yo?. Quiero ponerme unas botas de agua coloridas y un impermeable gigantesco y salir al patio a chapotear. Quien canta y baila su mal espanta. Yo quiero espantarlo todo antes de Navidad. Me pringaré de lluvia, de viento, de niebla, de charcos, y me los echaré al hombro durante un rato.
Voy a arrancarte una sonrisa, noviembre. Voy a liberarte del aburrimiento...

