
En casa también estamos de Semana Santa; han vuelto la fiebre, los vómitos, el malestar y el ingreso correspondiente hasta sabe Dios cuándo. Otra fiesta transformada en preocupación e incertidumbre por el futuro. Más noches sin dormir para mi padre, más días esperando una buena noticia que nos alivie, más oraciones a las alturas pidiendo una pequeña ayuda, que el cáncer no haya vuelto a presentarse tan pronto. No nos hace falta vestirnos de nazarenos, también llevamos sobre nuestros hombros una gran cruz a cuestas...
Pero los niños tienen derecho a su día de palmas y estrenos y risas. Así que allá nos fuimos con Gorrión y su ropita nueva a la bendición de las palmas y la procesión de la borriquita. Disfrutó y nosotros también, y viendo su carita de sorpresa ante tanto ramo de olivo y tantos peques repeinados, y sus risas corriendo plaza arriba o plaza abajo a la espera de la procesión, te reconcilias con parte de tu maltrecha vida y decides que hay que seguir echando la vista adelante y mirar lo menos posible hacia atrás.
Quizás lo que nos hace falta para empezar a coger fuerzas es un buen potaje de garbanzos, y un trocito de rosca, que eso entona cualquier cuerpo incluido éste mío de ballenita varada de 5 meses de gestación.
Me he sobrepasado, este domingo santo me he tomado un vermut,y me ha sentado de un bien....... que pequeño Colibrí y la Macarena me perdonen.


