
Este invierno parece eterno; en cuanto sale un rayo de sol corremos todos a la calle como locos a ocupar las terrazas, aunque haga un frío que pela. Yo también lo he hecho. Mea culpa. Pero ¿ quién aguanta diluvio tras diluvio en casa bajo la manta sin volverse tarumba?. Benditas sean las terrazas y los zumos multifrutas.
Vale, a estas alturas de año y con estos rigores de temperatura, lo que más me va es un chocolate caliente y espeso, o un té rojo con leche y galletas, que en estas cosas también se puede ser light, sobre todo cuando tu barrigota de 4 meses te muestra día a día que la ropa ya no cabe aunque la estrujes.Yo quisiera ser como esas que salen en la tele embarazadas de 7 meses y que no tienen más tripa que una pelota de tenis, pero no caerá esa breva. Estoy hinchada, oronda, mareada, nauseosa y con la cabeza hecha una centrifugadora. Me pica todo y me duelen la espalda y los hombros; tengo un sueño que me muero durante todo el día y parece que he nacido cansada; David juguetea dentro de mí sin enterarse de que la placenta está demasiado baja, así que de alegrías "chechuales"nada de nada....Vamos, que me estoy estupenda.
Y Mamá Gallina ha vuelto a casa después de dos meses de sustos y malas noticias diarios. Mis hermanos se creen que lo peor ya ha pasado, y yo no quiero ser agorera, pero la lucha aún acaba de empezar. Todavía hay mucho que hacer y la primavera y el verano no van a ser precisamente fáciles. Han limpiado la "bicha", pero es pronto para brindar.
Mañana dicen que va a aparecer por la terriña una tormenta "perfecta", que estamos en alerta roja. Pues anda que no llevamos meses viviendo temporales en esta casa.... mamaíña, que me quede como estoy.

